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Impagos de facturas

9/2020

30.11.2020

Cesión de créditos

 

Partimos del ofrecimiento de nuestro cliente moroso, de hacernos pago con facturas que tiene él por cobrar, pendiente pues de vencimiento.

 

La valoración que habremos de realizar en estos casos sería la de la oportunidad de “o cobrar por esta vía “, o previsiblemente “no llegar a cobrar”. Si con dicha valoración llegamos a la conclusión de que el riesgo de un impago mantenido en el tiempo es cierto, esta puede ser una medida interesante a considerar, para lo cual habremos de tener en cuenta las siguientes cautelas:

 

  • La de siempre: comprobar la solvencia del deudor.
  • Muy importante, notificar dicha cesión, al deudor de nuestro cliente.
  • Documentar por escrito la cesión.

 

Para reforzar el documento es interesante incluir una manifestación de nuestro cliente de no ser discutido el crédito, que no existen pleitos respecto del mismo y que responderá de la solvencia de su deudor.

 

Compensación de deudas

 

En muchas ocasiones es frecuente tener con nuestro cliente moroso a su vez pagos cruzados con él. El ejemplo más inmediato, la doble condición de aquél, de cliente y proveedor y, en nuestro caso, la doble condición a su vez de acreedor y deudor.

 

Esta vía, la de compensación de créditos cruzados, es una buena opción en épocas como la actual de falta de liquidez.

 

Para poder llevarla a efecto, es preciso que las deudas cumplan los requisitos de ser líquidas (importe determinado), exigibles (no haber discrepancia sobre su existencia) y vencidas (que su cumplimiento pueda reclamarse por haber cumplido el plazo dado).

 

Por ello, es preciso que sea acordada con la otra parte y que se deje también constancia por escrito; si además no fuera compensación total, por la diferencia de importes, dejar indicado la cantidad concurrente por la que cobramos y el remanente que en su caso quedaría vivo.

 

Aplazamientos con garantías

 

Es frecuente que el cliente moroso solicite un aplazamiento en el pago de las facturas.

 

Para el caso de considerar esta opción, es conveniente documentarlo por escrito como un expreso reconocimiento de deuda en el que el cliente asuma que debe la cantidad pendiente (principal e intereses), con el aplazamiento concedido.

 

El supuesto más reforzado, para imponer o negociar, sería el siguiente:

 

  • Hacerlo en escritura notarial (que permitirá en su caso ir a un juicio rápido, el ejecutivo).
  • Pactando que el impago de un plazo comporta el vencimiento de toda la deuda.
  • Con garantías adicionales de pago, como aval bancario.

 

Amortiguación fiscal del impago producido

 

Cuando las empresas tienen que soportar no solo no haber cobrado, sino además tener que tributar por los ingresos no percibidos, se produce una situación de desequilibrio. Todos sabemos que las facturas a la emisión quedan registradas como ingreso en nuestra contabilidad, lo que hace aumentar el beneficio fiscal que se habrá de declarar a Hacienda en el Impuesto de Sociedades. Es decir, se va a declarar un mayor beneficio que realmente no se ha producido por la falta de cobro.

 

Por eso es preciso tener presente, que la Ley permite, en general, deducir el importe no cobrado en determinadas circunstancias.

 

Según la Ley del Impuesto sobre Sociedades, para poder considerar una factura como “incobrable” y poder reconocer esta pérdida como un gasto deducible aceptado por Hacienda, hay que cumplir alguno de estos tres requisitos:

 

  1. Que hayan pasado, sin que el cliente haya pagado, seis meses desde la fecha del vencimiento para su cobro.

 

  1. Que el cliente haya sido declarado en concurso de acreedores o haya sido procesado por un delito de alzamiento de bienes.

 

  1. Que hayamos reclamado el cobro mediante una reclamación judicial, o sean objeto las deudas de un litigio o procedimiento arbitral.

 

Además de esta deducción “individualizada”, en el caso de empresas de reducida dimensión (facturación inferior a 10mill euros) se permite deducir un gasto “genérico” por insolvencias que se fija en el 1% de los deudores existentes al final del ejercicio. Saldo este de deudores, eso sí, en el que no se computarán aquellos que hayan sido ya considerados a efectos de su deducibilidad conforme a lo señalado en el párrafo anterior, por ejemplo, los deudores cuyos créditos tengan una antigüedad inferior a los seis meses.

 

En definitiva, las empresas de reducida dimensión podrán deducir una pérdida por insolvencia individualizada de los créditos que cumplan los requisitos anteriores y otra global de hasta un 1% sobre el saldo del resto de los deudores en las condiciones indicadas. 

 

 

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