Sucesión empresarial: responsabilidades

7/2019

15 de julio de 2019

María Fernández Moreira

¿Cuándo nos encontramos ante una sucesión empresarial?

 

El art. 42.1.c de la Ley General Tributaria (LGT) dispone que serán responsables solidarios de la deuda tributaria las personas jurídicas que sucedan por cualquier concepto en la titularidad o ejercicio de explotaciones o actividades económicas, por las obligaciones tributarias contraídas del anterior titular y derivadas de su ejercicio.

 

La responsabilidad también se extenderá a las obligaciones derivadas de la falta de ingreso de las retenciones e ingresos a cuenta practicadas o que se hubieran debido practicar.

 

Por tanto, desde el punto de vista tributario, encontramos tres supuestos en los que se existe sucesión empresarial.

 

  1. Transmisión de la titularidad de la actividad o explotación económica.
  2. Trasmisión del ejercicio de la actividad o explotación económica.
  3. Transmisión de elementos aislados que facilitan la continuidad de la actividad o de la explotación económica.

 

El primero de los supuestos se refiere a la transmisión pura y simple de la titularidad de la empresa.

 

El segundo, se refiere a una sucesión de facto, y hace alusión a aquellas situaciones en las que una empresa cesa aparentemente en el desarrollo de su actividad, continuándola realmente bajo otra apariencia distinta, utilizando buena parte de los elementos de aquella.

 

Y el tercero, se concreta en la adquisición por una empresa de elementos aislados de otra, suficientes para continuar la actividad de aquella.

 

Para determinar si se está ante un supuesto de sucesión empresarial es preciso atender a las coincidencias entre las empresas en relación a los siguientes datos: El objeto, domicilio, finalidad de la actividad, identidad de los trabajadores, ocupación de los locales, etc.

 

¿Qué responsabilidades se derivan de una sucesión empresarial?

 

La consecuencia principal de una sucesión, desde el punto de vista tributario, es que el sucesor asumirá directamente la totalidad de las obligaciones tributarias pendientes del causante.

 

La responsabilidad del nuevo titular de la actividad o explotación económica responderá también de las sanciones impuestas o que puedan imponerse. Para evitar la responsabilidad derivada de las sanciones se puede solicitar un certificado de exoneración de responsabilidad. Si se certifica la existencia de saldos deudores, la responsabilidad quedara limitada al importe de las sanciones que figuren en la certificación.

 

Para que entre en juego la responsabilidad solidaria en los supuestos 2 y 3, basta con que haya una simple continuidad efectiva y no interrumpida  en el ejercicio de la explotación.

 

La extensión de responsabilidad de las obligaciones tributarias de una empresa liquidada o disuelta a los socios tiene sustento legal en el art. 40.1 LGT, “las obligaciones tributarias pendientes de las sociedades y entidades con personalidad jurídica disueltas y liquidadas en las que la Ley limita la responsabilidad patrimonial de los socios, partícipes o cotitulares se transmitirán a éstos, que quedarán obligados solidariamente hasta el límite del valor de la cuota de liquidación que les corresponda y demás percepciones patrimoniales recibidas por los mismos en los dos años anteriores a la fecha de disolución que minoren el patrimonio social que debiera responder de tales obligaciones, sin perjuicio de lo previsto en el artículo 42.2.a) de esta Ley”.

 

Asimismo, la sucesión de empresa entraña una responsabilidad para la Compañía adquiriente, tal y como prevé el apartado segundo de dicho artículo: “el hecho de que la deuda tributaria no estuviera liquidada en el momento de producirse la extinción de la personalidad jurídica de la sociedad o entidad no impedirá la transmisión de las obligaciones tributarias devengadas a los sucesores, pudiéndose entender las actuaciones con cualquiera de ellos.”

 

¿Cuándo no hay sucesión empresarial?

 

El artículo 42.1.c LGT, determina que no habrá sucesión empresarial en tres situaciones:

 

  1. Cuando los elementos aislados transmitidos no permitan la continuación de la actividad o explotación.
  2. Cuando la sucesión tenga como causa la muerte del empresario.
  3. Cuando la adquisición de la actividad o explotación se produzca en un procedimiento concursal.

 

Respecto de las deudas tributarias la LGT dispone expresamente que, cuando haya sucesión de empresa, no será responsable de las mismas el adquirente de un deudor concursado cuando la adquisición tenga lugar en un procedimiento concursal. Por ello, el juez del concurso es competente para declarar la exclusión de los efectos de sucesión de empresa con respecto a los créditos tributarios.

 

 

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